Congreso Económico Argentino
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PRODUCTIVIDAD, SECTORES Y APERTURA COMERCIAL

21 de julio

Fausto Spotorno, economista jefe de la consultora OJF & Asociados, analizó qué sectores se verán más beneficiados por el programa económico del gobierno de Mauricio Macri. Entre ellos, destacó principalmente el agro y la agroindustria; el sector energético y la minería; el financiero, del que dijo que “por ahora no arrancó pero va a ir haciéndolo a medida que siga bajando la inflación” y gracias también al desarrollo energético y del agro, que “demandarán mucho financiamiento”; la infraestructura y los servicios públicos, que se beneficiarán del impulso del Gobierno a la obra pública; y el comercio, que “va a andar mejor” a me- dida que se dé el crecimiento esperado y “mejore el salario real”. En el caso del sector financiero y el comercio, advirtió, el desafío será que logren incrementar su volumen.

En otro plano de su exposición, Spo- torno anticipó que “va a crecer la inver- sión y va a mejorar su calidad”. Según el economista, “Argentina ha estado invirtiendo mucho en los últimos años, pero haciéndolo mal, en cosas que no eran negocio por el set de estímulos que tenía el inversor”. En ese sentido, mostró que la inversión bruta creció de 59.595 millones de dólares en 1998 a 89.550 millones de dólares en 2016, pero mientras la por- ción que comprende la inversión privada “reproductiva” cayó de 20.443 millones de dólares a 11.615 millones, la inver- sión privada “no reproductiva” –como aquella destinada a la construcción de viviendas o la importación de celulares o aires acondicionados, que no generan ninguna multiplicación de la economía–, aumentó de 34.987 millones de dólares a 65.083 millones. “El stock de capital siguió subiendo, pero la productividad laboral no, y eso es un síntoma de haber estado invirtiendo mal”, evaluó y pronosticó que “no solo habrá sectores que se beneficien y sectores que se perjudiquen, sino que dentro de los sectores también se va a experimentar un cambio en los modelos de negocios”.

Marcelo Elizondo, director de la consultora DNI, expuso el potencial y los desafíos del país en su camino hacia la “reinserción comercial en el mundo” buscada por el Gobierno. En ese sentido, comenzó advirtiendo sobre el punto de partida. “Venimos de malos resultados, corremos de muy atrás no solo en términos absolutos sino también relativos”, señaló. Argentina explicaba 0,45% del comercio mundial hace cinco años y pasó a explicar 0,36% en 2015 y 0,39% en 2016, un leve repunte que sin embar- go sigue por debajo del promedio histórico, “que tampoco ha sido un gran promedio”, apuntó Elizondo. Asimismo, Argentina es actualmente el décimo país con menor participación de exportaciones en su PIB y el tercero con peor comparación de importaciones contra PIB del mundo. “Somos un país cerrado, que parte de números malos en su intento de recuperación y por lo tanto, tendrá que hacer un buen esfuerzo para conseguir un buen resultado”, marcó.

En este marco, el sector agropecuario, se muestra como el de mayor potencial exportador, señaló. “Es el único que además de explicar dos tercios de las exportaciones argentinas, es auténticamente global, llega fuera de la región y muestra competitividad intrínseca”, destacó y contrapuso con el sector manufactu- rero, que explica 10% de las ventas argentinas al mundo y además tiene como único destino los países intramercosur. No obstante, alertó sobre el potencial en servicios, donde “Argentina ha venido demostrando una notable competitividad”.

En cuanto a los mercados, describió la mudanza de la trascendencia de los mer- cados tradicionales de Argentina hacia nuevas economías importadoras, entre las que se destacan las de los países de Asia Pacífico, que en 2016 de hecho llegaron a explicar 25% de las ventas del país al mundo, mientras las destinadas al Mercosur fueron el 20%, a la Unión Europea, el 15% y a Estados Unidos, el 7%. Entre algunos desafíos de esa inserción,

destacó “el amesetamiento del comercio mundial”; la caída de los precios de los bienes comerciables; la necesaria inserción en las cadenas globales de valor, donde Argentina viene rezagada (por estas cadenas pasa 50% del comercio de los emergentes y apenas un tercio del argentino); y la también ineludible apertura comercial, tanto desde el lado de las importaciones como del de las exportaciones. “La inserción comercial es un fenómeno de ida y vuelta. Para vender más, habrá que comprar más tam- bién”, explicó y agregó a su vez que el Gobierno tiene que lograr más comercio internacional “si quiere recibir más inversión extranjera”.

Por su parte, Luisa Montuschi, economista de UCEMA, describió la realidad social del país en sus principales aspectos, como el empleo y la pobreza. Sostuvo la necesidad de aplicar políticas activas en materia laboral como políticas de género, de primer empleo para jóvenes o de intermediación entre desempleados y vacantes, que “ayuden a desocupados e informales a volverse competitivos para reinsertarse en el mercado”. Según la especialista, además, es necesario contemplar que en el mercado laboral se están dando varios cambios, como el fin del empleo “de por vida”, reemplazado por una “alta rotación de empleos”, y el progreso técnico, que lleva a una “alta percepción de inseguridad laboral”. Mientras tanto, respecto a la cuestión de la pobreza, desalentó la comparación entre niveles de pobreza de países que lo miden de manera distinta, advirtió sobre los problemas que origina sobre las posibilidades de progresar de las personas y señaló la importancia de atacar la pobreza estructural. “La solución del problema sería remover los factores que sostienen la pobreza estructural a lo largo del tiempo. Es el único camino hacia el progreso social”, remarcó. Finalmente, opinó que, si bien sería “razonable y probablemente factible” eliminar la indigencia, no sucede lo mismo con la pobreza, por lo que, si bien es “razonable” como “meta” la intención del Gobierno de alcanzar la Pobreza Cero, “es de por sí inalcanzable y se la debe entender como objetivo orientador de largo plazo”.

En complemento con la exposición que lo antecedió, Ariel Coremberg, coordinador del proyecto Arklems+LAND UBA, señaló que un crecimiento positivo para el país sería “un auge que sea sostenible” y que genere “un cambio sustancial en el nivel de vida de la generación presente”. “Se tiene que sentir, no en la calle, ahora, con los brotes verdes, sino en la vida del promedio de la población del país en treinta años”, planteó y dijo que para eso hace falta terminar con las crisis cíclicas que acechan al país cada una década. “Lo que no logra Argentina es que intergeneracionalmente haya movilidad social, que mejore el ingreso per capita, que no haya bruscas caídas en el ingreso por crisis, no tener una crisis a la europea cada diez años”, sintetizó y planteó que para eso es clave lograr “productividad”. “Argentina no genera productividad, por eso estamos como estamos. Tiene procesos de optimismo, hasta violentos, donde se genera empleo con bajas violentas de los costos laborales con grandes devaluaciones, o de ingresos de capitales, pero cae continuamente en productividad”, describió. Según el economista, la productividad de los factores de la economía argentina cayó 20% entre 1974 y 2015. “Necesitamos que la inversión se recupere a lo largo de toda una generación. Necesitamos inversión que genere una mejora de la movilidad social, incrementar el producto per cápita y evitar las crisis cíclicas”, impulsó y bregó en ese sentido por una tasa de inversión superior a 20% por varios años para alcanzar un crecimiento sostenido. ■

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